A/A SRES. PRESIDENTES: EL FRACASO EN SU GRAN FAMILIA


El inicio de una decadencia para cualquier relación, proyecto o camino de vida, empieza siempre con la falta de comunicación y los miedos que provocan las malas influencias, alimentando la separación y el dolor.

Cuando el tiempo pasa y las personas se sienten vacías y desamparadas de lo que consideran su familia o tribu, se empieza a recorrer un camino que puede llevarnos a grandes encrucijadas y a decisiones y situaciones muy difíciles de gestionar, despertando todos los demonios internos.

Todo lo que ocurre en el planeta de una u otra forma tiene sus repercusiones, desde la más pequeña de las familias hasta la más grande de las naciones. Empezando por uno mismo, si alguien no está bien en su interior, transmite ese malestar a sus seres más cercanos y éstos hacen lo mismo con aquellos con los que se relaciona, contagiando de luz o de oscuridad a todo lo que toca como lo hacen los gérmenes y parásitos con sus huéspedes. Este caldo de cultivo será el principio del fin del lazo que los unía, obligando a crear otro nuevo o acabando por desencadenar un gran abismo entre ambos.

Qué miserable puede ser la vida cuando el miedo, las diabólicas aspiraciones y el dinero justifican la violencia y el abuso del poder.

Para lo único que sirven los gobernantes es para dialogar con sus palabras vacías y sus promesas tan sólo creíbles para aquellos que desean ser engañados. Incluso teniendo esa única función, son incapaces de sentarse a dialogar como lo hace un matrimonio cuando la relación ya no funciona o cuando lo hacen unos amigos cuando se han discutido.

Si alguien dice quererte a su lado no lo hace deseando tu mal. Si alguien quiere separarse y alejarse de alguien, no debería hacerlo usando el odio, las desigualdades y las doctrinas como combustible para saciar sus deseos y objetivos.

Hay tanto amor/odio entre las relaciones y las personas de un mismo planeta que ya se ha perdido la objetividad entre lo que es amar y lo que es querer. Los políticos no “aman”, simplemente “quieren”. No aman a las personas, las utilizan para cumplir sus fines y como un esclavo que depende del alimento de su captor, incluso el oprimido es capaz de defender con su vida al mismo que se la está quitando.

El problema no se basa en que algunos quieran su libertad, el problema reside en que no se sienten amados ni libres. Cualquier solución buscada por la fuerza está destinada a fracasar y abocada a una guerra que permanecerá durante generaciones.

Cualquier persona sabe que allá donde se cierran las puertas de la justicia se abren las de la revolución y solucionar esa herida requerirá de sabios y diplomáticos que jamás han tenido la oportunidad de sentarse en el trono político porque las almas más oscuras ya se han encargado de ello.

A lo largo de mi vida viajo mucho por todo el país y otras partes del mundo. En la mayoría de lugares he sido tratado con amor, con respeto y con cariño, ¿por qué desearía alejarme de tan hermoso lugar y de esas maravillosas personas?

También debo decir que, en otros puntos nacionales e internacionales, se ha respirado el nacionalismo más tóxico, la ignorancia más nociva y el más absoluto asco maquillado con una sonrisa maquiavélica: ¿Por qué debo soportar un rechazo y quedarme junto a aquellos que dicen quererme a su lado mientras me asesinan con su mirada?

Señores presidentes del país que proceda:

Si dice querer a una parte de su nación como parte de una familia: ¿Por qué envía a aquellos que deberían defender al pueblo a molerlos a palos?

Usted es el “padre” de una nación y no debería olvidar que ha sido elegido (por suerte de algunos y por desgracia de otros tantos) por un pueblo al que le debe lealtad y pleitesía. Cada día al despertar debería recordar que su labor es servir, ayudar, mejorar y velar por el interés de su “gran familia” y no fomentar el odio entre sus miembros.

Un padre no puede decirle que ama a sus hijos mientras los envenena cada día con mentiras, prohibiendo todo de forma sistemática y usando la fuerza cada vez que no está de acuerdo con sus actos. Eso no es Amor, eso es miedo.

Un padre debe velar por sus hijos, respetar a su pareja, fomentar el diálogo entre los hermanos, abrazar a los afligidos e incluso mediar cuando considere que alguno de sus seres queridos está ofuscado o molesto. Si no es capaz de crear esa armonía, entonces fracasará como padre, como marido, como amigo y como persona.

No comprendo que si alguien me quiere en su vida y dice que me ama y me valora, me agreda, me falte al respeto y me enfrente a mi gran familia separándome todavía más de ella.

¿Cómo puede alguien decir que desea curar una herida haciéndola todavía más profunda?

La violencia es inadmisible sea como sea. Convierten el civismo en una ilusión y muestra una vez más que la barbarie es el verdadero estado natural del Ser Humano. Eso es maltrato y opresión y no amor, es un delito y una injusticia.

  • Padres si me aman, ¿por qué me golpean?

  • Hermanos si me quieren a su lado, ¿por qué no me abrazan?

  • Héroes si están ahí para ayudar, ¿por qué disfrutan haciendo daño?

Ama a tus padres, a tus hermanos, a tu familia o de lo contrario déjalos libres para que puedan seguir su camino, incluso si éste al final no acaba como se esperaba, ¿acaso nunca se han equivocado y aprendido de sus errores?

En este momento, todas las personas que han sido cómplices de la violencia y de la manipulación deberían ser juzgados y condenados a prisión como lo están los maltratadores físicos y psicológicos.

Lo único que deja como herencia el orgullo y la ofuscación son familias rotas, padres abandonados, hijos rebeldes, esposas tristes y cadáveres en el camino, repitiendo de nuevo la historia por muchas décadas que pasen.

Visto lo vivido, uno se pregunta si realmente aquellos que dicen amarte no son los mismos que acaban estrangulándote hasta la muerte. Espero que no llegue el día en que toque confesarse ante el tribunal del Universo y cuando éste les mire a los ojos preguntando: ¿qué pasó?, sólo puedan contestar: los maté porque eran míos.

Prof. Denis Astelar

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