EL SECRETO DE LA ABUNDANCIA


Si quieres Amor, sé amoroso.

Si quieres Prosperidad, sé abundancia.

Si quieres Paz, sé pacífico.

Si quieres Salud, sé saludable.

Nadie puede dar algo que no tiene, pero todo eso cambia cuando lo que debe darse es algo que ya tienes.

No es más que un cambio de actitud.

Denis Astelar

Es curioso ver como todo el mundo desea abiertamente cambiar su vida y sin embargo cuando tiene la oportunidad de hacerlo, siente una resistencia que le impide llegar a la cima y alcanzar la meta final de lo que ha querido siempre, descubriendo muchos más miedos de lo que creía tener nunca.

Todo el mundo a su manera cree dar lo que tiene pero cuando le toca recibir, choca con una incómoda sensación de no merecerse lo que le llega, impidiéndole aceptar con firmeza lo que el destino le entrega.

Nuestra naturaleza humana necesita juzgar y poner la etiqueta de “bueno” o “malo”, “positivo” o “negativo” a todo lo que vivimos y recibimos a través de los sentidos. Estas etiquetas pueden ser muy útiles cuando se trata de expresar sentimientos (me siento triste, enojado, contento, esto me gusta, esto no…), pero por otro lado es muy limitante en casos como el de la espiritualidad y la abundancia o la relación entre lo que me merezco y lo que la vida me entrega.

Etiquetar el dinero o cualquier otra cosa que queramos es una limitación que nos aleja cada vez más de lo que deseamos, expresiones como:

"El dinero no es espiritual"

"Ser espiritual, es renunciar a los placeres materiales"

"Algunas personas están más destinadas al dinero que otras"

“Todo llega a través del sudor de la frente”

"No se puede ser espiritual y abundante a la vez”

“No se puede tener todo"

"Yo no soy merecedor de…"

Todas estas etiquetas negativas sobre el dinero, la espiritualidad o cualquier otra cosa, cierran el flujo de la prosperidad sin importar cuánto lo deseas o cuántos esfuerzos le has dedicado ya que el Universo manifiesta todo aquello en lo que uno se concentra, por lo tanto, si te centras en tus limitaciones, éstas crecerán proporcionalmente a la energía que les has dedicado, cumpliendo tus deseos y trayendo a la realidad tus órdenes.

Es importante reconocer que la abundancia puede ser la clave de todo propósito espiritual porque vivimos en un plano material donde sin dinero, ni los proyectos personales, humanitarios, materiales ni espirituales pueden llevarse a cabo. Nos guste o no, es así…

Lejos de catalogarlo como algo bueno o malo, merecido o no, el dinero o cualquier otra cosa debemos añadirlo a nuestra vida sin marginarlo, rechazarlo o separarlo de nosotros, sino integrándolo a todo lo que somos.

Una vez resueltos todos los obstáculos mentales, se abren otro tipo de puertas del templo interior para que, a continuación, expreses tu propósito espiritual independientemente de lo que tienes. No ayuda el que más cosas tiene sino el que hace lo que puede con lo que tiene, por lo tanto, cuanto más se tenga de cualquier cosa, más se puede dar a otros y eso es, al fin y al cabo, en lo que se basa todo. Nuestras necesidades físicas básicas están dentro de lo material (alimento, vestido, techo, etc.) y las cosas que queremos por lo tanto, no es más que la energía necesaria que la Humanidad ha decidido usar para forjar su realidad material.

Debemos empezar a quitarnos esa ropa de víctima y de conformismo que nos han puesto la antiguas creencias y que han dejado un rastro de baja autoestima y poca valía que permite cambiar nada, sabiendo que en el fondo, todo el mundo desea que sus problemas y cargas desaparezcan, dando así el siguiente paso hacia una nueva etapa en la vida llena de todo lo que se necesita para ser feliz.

Agradece todos los días aquello que tienes y da por hecho en tu vida todo aquello que deseas tener ya que el Universo moverá todas las emanaciones necesarias para entregártelo y hacerlo realidad.

Hay que comprender profundamente el significado de espiritualidad y de prosperidad. Eliminando de nuestro pensamiento y vocabulario el convencimiento de que hay que sacrificarse para lograr el equilibrio. No hay nada en esta vida incompatible con la abundancia, ni tan siquiera la pobreza, absolutamente nada. Un gurú, por ejemplo, no pierde su sabiduría, iluminación y amor por el mero hecho de ir subido sobre un coche deportivo.

El verdadero problema no está en dar sino en estar abiertos a recibir. Con la misma fuerza y paz con la que se da, debes dejar que los demás puedan dar también y eso tan sólo es posible si aceptamos recibir. Como ves, recibiendo permites que los demás también se sientan dichosos, dejando fluir ambas energías y manteniendo las dos polaridades en perfecta armonía, obrando el milagro de la prosperidad y la abundancia.

Prof. Denis Astelar

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