UN VIAJE SIN RETORNO...


Ya sea por una enfermedad, un accidente, una desaparición repentina o cualquiera de las maneras que tiene el Ángel de la Muerte de cumplir con el fin de nuestro tiempo, la verdad es que la partida es uno de los misterios que mayor desamparo, dudas y temores suscita.

En cierto modo, si los Seres fueran conscientes de que nuestra fecha de partida ya está fijada incluso antes de nuestro nacimiento, la Humanidad no perdería su valioso tiempo en banalidades y aprovecharía la vida para lo que realmente es importante. Ya sea de joven, de niño o en las últimas fases de la vejez, la edad no es ningún indicativo fiable para calcular cuándo ha llegado nuestro turno para regresar a la Luz de donde procedemos.

En el plano de la vida, los años deberían valorarse como se hace con el vino o el perfume donde lo más importante no es la cantidad sino la calidad. Aunque aparentemente sea difícil de comprender, desde el primer momento en que somos concebidos nuestro reloj biológico ya activa su cuenta atrás para abrir el portal de regreso cuando su cuenta llegue a cero, sea cual sea su cantidad ya preestablecida en el origen, sean 90 años o 90 días.

Esta manera que el Alma tiene de funcionar en relación a la vida deja en los Seres una mezcla entre confianza y desamparo por partes iguales. Por un lado, tienes la paz interior y la certeza de que sólo partirás cuando llegue el momento, ni antes ni después, aunque estés bajo una guerra mundial. Por otro lado, la incertidumbre de saber que ese tiempo puede agotarse en cualquier momento y que el reloj no se detiene nunca por nada ni por nadie nos empuja a hacer un repaso verdadero de nuestras prioridades y elegir tan sólo aquellas cosas que realmente valen la pena, disfrutando día a día de las personas que encuentras en tu camino como si fuera el último que te queda.

La partida siempre es y será triste porque a nadie le gustan las despedidas ni los finales que no sean felices, sin embargo, esta percepción puede sobrellevarse mejor cuando el Amor y la Luz han reinado de forma general en el sendero de la vida. En caso de no ser así, siempre nos quedará un largo, pero necesario camino hacia la aceptación, el perdón, la redención y la superación de nuestros errores aprendiendo de ellos y evitando a toda costa repetirlos durante el tiempo que nos quede y con las personas que todavía sigan a nuestro lado.

Es una realidad que el cuerpo regresa a la naturaleza en forma de sus elementos más orgánicos y simples pero lo que realmente perdura en la eternidad es la parte Espiritual y la Conciencia que compone todo el conjunto de vidas por el que el Ser pasa hasta alcanzar su plenitud y realización como Alma.

Una parte de nosotros simplemente no puede morir porque la energía no puede crearse ni ser destruida, simplemente evoluciona cambiando de forma. Los seres amados no han dejado de existir, simplemente han pasado a otro estado cuyos sentidos ordinarios no perciben pero que con la sensibilidad adecuada se puede lograr sentir y captar a aquellos que siguen con nosotros de forma invisible, compasiva y silenciosa. Los Seres no mueren, simplemente inician un viaje en cuyo destino nos encontraremos, tarde o temprano, todos.

¡ Feliz vida!

Prof. Denis Astelar

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