TRAS LA MÁSCARA DE LA VIDA DIGITAL


No deja de sorprender la vida paralela que las personas se han creado

gracias a la tecnología y al escenario del teatro digital que permite que los demás sólo vean aquello que uno desea publicar y aparentar, con el único riesgo de que en realidad algunos pocos te conozcan en persona y descubran el gran guión y farsa que se escondía tras la cámara y las pantallas.

En la actualidad, el mundo virtual permite a través de las redes sociales crear a un personaje y una vida artificial que nada tiene que ver con la “real”, manifestando una gran distorsión entre lo que ocurre de verdad en la vida de cada ser y lo que desea mostrar o aparentar de cara al telespectador.

Incluso en la “vida digital” hay que tener la precaución y la inteligencia para saber discernir cuándo alguien está siendo sincero, cuándo hay hipocresía en sus letras, cuándo defiende lo indefendible, cuándo prefiere generar polémica en lugar de conciencia o cuándo alguien simplemente está pidiendo ayuda a gritos y utiliza para ello su mejor y más falsa imagen durante dicha petición, inconscientemente por supuesto en la mayoría de los casos, pero perceptible para alguien mínimamente observador.

Tan sólo debemos fijarnos en las lecciones y consejos que se publican en los muros de muchos perfiles que tan sólo escriben pensando más en aquellos que le leen y le siguen en las redes sociales, los blogs, los vídeos o tantas otras vías de comunicación que utiliza para interactuar con el “mundo exterior”, que para compartir realmente aquello que le inquieta de verdad.

No hace falta una gran formación en psicología o intuición para darse cuenta de que gran parte de los discursos, orientados solamente a un objetivo concreto o al público desconocido en general, son en realidad una falsa proyección en una pantalla de cine donde la parte frontal muestra las luces y los colores, pero la parte trasera permanece llena de sombras, apariencias y carencias.

* Divulgar amores, situaciones o trabajos ideales (cuando en realidad hay dudas, insatisfacción o su visión se basa en juzgar la vida de los demás en lugar de centrarse en la suya propia).

* Utilizar a los demás para realizar venganzas y hogueras públicas contra familiares, amigos o enemigos, utilizando el hermoso poder de la palabra para crear un vertedero de desechos y suciedad basado en culpabilizar a terceros de lo que debería analizar por sí mism@.

* Mostrar aparentemente predisposición para ayudar, colaborar o formar parte de alguno de tus proyectos y después no acudir a las citas, poner mil excusas por la ausencia o enfadarse cuando los demás le piden explicaciones o dejan de contar con esa persona en futuras ocasiones.

* Suelen compartir destellos de espiritualidad absoluta e ideales de iluminación (que evidentemente no practica frente a las verdaderas adversidades).

* Presentarse ante los demás como una persona incondicional y generosa cuando en realidad lo que quiere es algo que posees tú (dinero, sexo, fama, reconocimiento, etc.)

* Periodistas internautas divulgadores de noticias falsas, negativas u opiniones destructivas de todo y para todos.

* Entregar consejos y lecciones a otros que poco aplica quien las transmite.

* Presumir de grandes y sinceras amistades (cuando en el momento de la verdad se encuentra en la más absoluta soledad y desamparo).

* Vídeos donde tiene más protagonismo el personaje que la persona, transmitiendo en directo una información que se convierte más en un “reality show” o en películas de terror que en una verdadera oportunidad para ayudar o aportar algo realmente útil para alguien.

* Fotografías maravillosamente realizadas en una vida hecha en escenarios de cartón.

* Ofrecer una falsa amistad o ayuda (y después abandonar los mensajes y las llamadas que se le envía sin atender durante días, semanas o simplemente nunca.)

* Arrastrar a las masas a opinar o apoyar los comentarios sin dar la oportunidad de estar en desacuerdo, generar algún tipo de debate constructivo o sin facilitar la posibilidad de contrastar o argumentar la información entregada.

No pretendo juzgar a nada ni a nadie, en todo caso se estaría juzgando una vida falsa, por lo que en realidad nada de eso podría ser analizado para sacarle algún tipo de provecho porque de lo que no contiene veracidad nada puede extraerse. Si en alguna de estas líneas te sientes identificad@, ya has dado el primer paso para hacer un cambio de actitud y un viaje hacia la conciencia y la responsabilidad para hacer de la comunicación y de las redes una herramienta realmente útil y poderosa.

De lo contrario, si eres de aquell@s que ya reflexionaron y llegaron a la misma conclusión y percepción, ¡enhorabuena!, formas parte de un selecto grupo de personas que han despertado su conciencia y que, habiendo superado muchas pruebas y obstáculos, debes saber que has venido a hacer algo muy grande.

Se trata de unir nuestras mentes, de fusionar la maestría de cada uno de nosotr@s, de intercambiar nuestros conocimientos, de unir nuestros destinos para un propósito mayor, global y más profundo. Se trata de salirse de las masas para aportar tu granito de arena que el planeta espera de Ti y cuya misión realmente importante te espera para que despiertes y puedas cumplir la razón de tu existencia. Recuerda, nada es lo que parece, pero nunca es tarde si al final logras decir: Soy lo que digo que soy.

La reflexión planteada no es, ni mucho menos, que las redes se conviertan en una extensión real de las vidas, muchas de ellas grises y opacas, de las personas.

Lo importante es tener en cuenta en modo de advertencia, que hay que tener en consideración que no debe creerse ciegamente y de forma literal todo lo que los perfiles y sus publicaciones comparten. Pedirle al mundo que sea auténtico y verdadero puede considerarse una ardua e inalcanzable tarea, pero debe evitarse a toda costa dejarse arrastrar por las fantasías y las películas de aquellos que por un lado muestran un mundo de flores de colores pero que en sus vidas personales y en sus comportamientos cotidianos son todo lo contrario a lo que

se espera de ellos cuando se llega al otro lado del arco iris.

Prof. Denis Astelar

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